El fantasma de la guerra abierta vuelve a transitar por las cordilleras y valles del Huila. Antes de que finalice el año, el departamento será escenario de un movimiento táctico de gran envergadura; 530 militares, actualmente en fase de entrenamiento, aterrizarán en el territorio para conformar la Fuerza de Despliegue Rápido Nº 13 (FUDRA 13). Esta decisión, confirmada en las últimas horas durante un cónclave entre el gobernador Rodrigo Villalba Mosquera y altos mandos del Ejército Nacional, es la radiografía exacta de una crisis de seguridad desbordada. Lo que en los despachos gubernamentales se anuncia como una estrategia de estabilización, en las veredas y municipios se lee como el preámbulo de una confrontación armada a gran escala.
El peso de la bota y la estrategia táctica
El despliegue de una FUDRA no es una operación de rutina; es una maniobra reservada para territorios donde el control del Estado ha sido severamente desafiado por grupos armados ilegales con alta capacidad ofensiva. La militarización de la región quedó sellada bajo las directrices del comandante del Ejército Nacional, mayor general José Bertulfo Soto Sánchez, y fue ratificada en terreno por una robusta plana mayor.
En la mesa de concertación se sentaron el coronel Jairo Antonio Castillo Colorado, comandante de la Novena Brigada; el coronel Stik Reyes Monsalve, director del Gaula Militar Nacional; el coronel Wilmer Castaño López, quien asumirá el mando de la FUDRA 13; el coronel Jorge Rojas, oficial de Operaciones; y el mayor Juan Antonio Alcina, del Gaula Militar Huila. Esta concentración de comandantes operativos y de inteligencia táctica evidencia que la región ha vuelto a ser catalogada como una “zona roja” o de operaciones sostenidas.









