La Federación Nacional de Cafeteros (FNC) hizo un llamado urgente este mes para crear una norma que obligue a las marcas a declarar el país de procedencia en los empaques de café comercializados en Colombia. Ante el drástico aumento de importaciones de granos más baratos, el gerente general de la entidad, Germán Bahamón, busca garantizar que los compradores tengan total transparencia frente a las góndolas y puedan decidir de forma informada qué tipo de bebida llevan a sus mesas, protegiendo así el trabajo de las familias productoras del país.
Cuestión de aritmética
Para los expertos del sector, el valor comercial de un producto revela mucho sobre su procedencia. Germán Bahamón fue enfático al señalar que el café cien por ciento colombiano tiene un piso de precio innegociable. Este umbral está determinado por variables globales como la cotización en la bolsa de Nueva York, la tasa de cambio (TRM) y la prima de origen que se le reconoce a Colombia por su calidad superior.
A esto se suman los altos costos internos de producción: el pago de jornales, la compra de abonos y el complejo proceso de recolección manual. Por lo tanto, cuando un consumidor encuentra una marca excesivamente barata en el supermercado, es altamente probable que el contenido no provenga de nuestras montañas. “El café tostado, por debajo de cierto punto de precio en góndola, no puede ser colombiano. No es una opinión. Es aritmética”, puntualizó el dirigente gremial.
La caída de la producción
El debate sobre la procedencia del grano cobra mayor relevancia al observar las cifras actuales del mercado. Según reportes recientes, en los últimos doce meses, Colombia importó 1,55 millones de sacos de café. Esta cifra responde, en gran medida, a la necesidad de la industria torrefactora de abastecer el consumo interno, el cual ronda los 2,4 millones de sacos anuales.
Esta dinámica de importación se ha acelerado debido a una notable reducción en la cosecha local. En agosto de 2026, la producción nacional se ubicó en 1,09 millones de sacos, lo que representa una caída del 12 % frente al mismo mes del año anterior. Además, las estimaciones de Cenicafé proyectan que el año cerrará con una cosecha de 12,2 millones de sacos, un volumen que no logra cubrir de manera simultánea los ambiciosos compromisos de exportación y la demanda interna.









