La ciudad de Ibagué fue el escenario para uno de los 13 encuentros liderados por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) para estructurar el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030. Ante cerca de mil asistentes y con la presencia de delegaciones del Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo, se evidenció nuevamente la brecha entre las urgentes necesidades locales y la planificación gubernamental. ¿Logrará esta vez el Estado saldar su histórica indiferencia con el sur colombiano, o estamos ante otro ejercicio de retórica que engavetará las soluciones reales a las comunidades?
Un ambicioso y disperso pliego de peticiones
Durante la cumbre, el gobernador del Huila, Rodrigo Villalba, presentó un portafolio que parece abarcar todos los frentes imaginables, exigiendo que las inversiones pasen del papel a las obras terminadas. Entre las apuestas centrales se propuso la construcción de una planta regional de fertilizantes, para la cual el departamento y los privados aportarían $10.000 millones, solicitando a la Nación los $20.000 millones restantes.
A esto se suma la solicitud de respaldar el estudio para reactivar el tren Neiva–Tolima y la ejecución de proyectos de transición energética basados en energía solar, biomasa y Pequeñas Centrales Hidroeléctricas. Sin embargo, la interminable lista de demandas de las administraciones locales plantea un cuestionamiento profundo: ¿pedir de todo en un solo plan estratégico no terminará, como es costumbre, en la dilución de los recursos y la no ejecución de lo fundamental?









