En Neiva, el joven inventor Juan Sebastián Ávila Pérez ha creado ‘Alas de Inclusión’, un prototipo tecnológico diseñado para que personas sordas experimenten la observación de aves. Este innovador sistema, surgido en 2025, convierte las frecuencias sonoras en vibraciones corporales, demostrando que la conservación ambiental debe ser accesible.
Detectar una especie en el bosque depende casi enteramente del oído. El llamado de un pájaro oculto entre las ramas suele ser la primera pista de su ubicación. Juan Sebastián, un joven ambientalista del departamento del Huila, transformó esta realidad cotidiana en un profundo interrogante sobre accesibilidad. Su compromiso con la conservación aviar lleva un lustro, tiempo en el cual ha liderado campañas de protección de la biodiversidad colombiana. Mediante conferencias, recolección de residuos y siembra de árboles, logró movilizar a su comunidad. Fue en estos espacios donde notó que los niños sordos enfrentaban dificultades insalvables para participar activamente en el monitoreo de fauna silvestre, al no tener herramientas para reconocer los sonidos de los animales.
¿Cómo funciona el prototipo?
Frente a esta dificultad, Ávila no se quedó de brazos cruzados. Apoyado por un profesor de programación, construyó una alternativa tecnológica sin precedentes. El resultado es un innovador prototipo vibrotáctil que emplea un receptor externo especializado. Este componente capta los cantos en el entorno natural y procesa sus frecuencias acústicas. Luego, el sistema traduce estas señales en distintos patrones de vibración que el usuario percibe en su brazo. Como cada ave emite un canto particular, el software genera estímulos físicos diferenciados. Con entrenamiento, las personas sordas asocian una vibración específica con una especie, abriendo un nuevo canal sensorial para conectarse con la naturaleza.









