Durante el mes de julio, el municipio de Pitalito (Huila) se convirtió en un inmenso lienzo colectivo al celebrar su primer festival de muralismo por la paz. Esta iniciativa, liderada por la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), reunió a líderes locales, habitantes y personas en proceso de resocialización para intervenir estratégicamente diversos sectores urbanos. A través del arte público, el evento logró no solo embellecer el entorno, sino también enviar un contundente mensaje sobre la importancia de la reconciliación y la construcción de un territorio libre de violencias.
Arte público y concertación
El verdadero triunfo de este certamen de muralismo por la paz radica en su metodología profundamente democrática y participativa. Lejos de imponer visiones artísticas ajenas a las dinámicas de los barrios, cada trazo de pintura en las paredes del municipio fue el resultado de un riguroso proceso de concertación directa con la comunidad. Los grafitis y murales no aparecieron de la noche a la mañana; fueron creados a conciencia, tras múltiples reuniones preparatorias.









